Ya a la venta la 2ª edición de “Las mil y una balas hermanas de Kyiv”.
Una obra de alto voltaje emocional, incómoda e incisiva que revela el compromiso político. Compromiso con Ucrania, país libre.
Una apuesta narrativa con un formato experimental: solo diálogos.
¿Serás capaz de explorar las verdaderas dimensiones de una guerra?
Una obra de P. J. Brownbear, una murciana en Extremadura.
Disponible en Amazon, FNAC, El Corte Inglés, Bubok y Libros.CC.
¿Qué tal una pequeña entrevista a la autora para conocer un poco el libro y su trasfondo? Vamos allá…
El pseudónimo destaca el hecho de que no importa quién firme el libro, sino lo que está escrito. El anonimato contribuye a acentuar que no es la persona que escribe lo que debe trascender aquí. Y es que la autora solo pretende ser alguien que simplemente denuncia con la palabra.
Este libro no es solo y exclusivamente sobre una única guerra, la que vive y sufre Ucrania a día de hoy, sino sobre la importancia de mantener una lucha constante para que el horror no conviva con nosotros de manera cotidiana. También de cómo la sátira nos puede permitir mantener la cordura.
Hay una responsabilidad además, y es que ella no pretende hacer un espectáculo del horror. Y de ahí surgieron los diálogos como Dios los trajo al mundo, sin ropa que los disfrace o mimetice.
La intención es que el lector no tuviera intermediarios y por eso se plasma lo que cotidianamente escuchamos en las calles, donde cada palabra, cada sentimiento y cada acto aparecen como son sin atenuaciones.
Es necesario recordar que la indiferencia ante la injusticia es lo que puede acabar con nosotros, lo que puede acabar con la humanidad. Y de ahí la importancia de apostar siempre por la lucha del bien contra el mal.
La autora alberga la esperanza de poder transmitirle esto al lector y de que, aunque solo sea mientras lo lee, sea consciente de que la verdadera dimensión de una guerra no queda acotada a territorio ajeno, sino que tarde o temprano resonará en el nuestro, con más o menos violencia.
Por mucha crudeza que haya en los diálogos, la realidad supera con creces la ficción, pero esta no debe hacer apología de lo escrito por el mero hecho de conseguir plasmarlo o de que caiga en gracia la forma en la que está escrita –por ser quizá, un formato experimental-, porque su deber es hacernos conscientes del sufrimiento que se padece.
Hay una cierta absorción por el dolor ajeno que se nota en el trasfondo de cada diálogo. En cada discusión entre los dos hermanos subyace una angustia, un combate. Se puede respirar en cada página del libro. O al menos es lo que la autora nota, incluso cuando relee a veces el libro.
Escribir sobre un conflicto contemporáneo es una responsabilidad que le provoca a la autora cierto temor. Ella ha intentando plasmar una realidad, la de una guerra injusta y cruel, con palabras porque es la única forma que siente para no volverse indiferente, pero supone a la vez miedo por no saber expresarlo, miedo porque el lector pueda entenderlo de alguna forma que le ofenda o le provoque rechazo por no haber sabido manejar con cuidado la situación.
P. J. Brownbear quiere escribir para que no olvidemos, para despertar conciencias, para generar reflexión y establecer el debate.